El Milagro de la Libertad

by Joshua Barnes    /  April 7, 2011  / No comments



Sampsonia Way en Bruselas


Ricardo González Alfonso. Foto: © 2010 Parlament Europeu / Ángel Yu.

Ricardo González Alfonso fue detenido durante la Primavera Negra cubana. Siete años mas tarde, en julio de 2010, fue liberado y desde entonces vive en España.

En mayo de este año, fue invitado a Bruselas como participante de la conferencia anual del Comité de Escritores en Prisión de PEN Internacional. Sin embargo, el escritor no pudo asistir al evento debido a su situación migratoria –aún está a la espera de recibir asilo oficial.

Esta es la carta que González Alfonso envió a los asistentes de la conferencia y que Marian Botsford Fraser, coordinadora del Comité de Escritores en Prisión, leyó en la inauguración del evento.

EL MILAGRO DE LA LIBERTAD
Madrid, 20 de Marzo del 2011.

Estimados colegas que asisten a la 9na Conferencia de Escritores en Prisión organizada en Bruselas por el PEN Internacional:

No me atrevería a dirigirme a ustedes sin mencionar dos palabras: solidaridad y gratitud. Sólo quien haya estado confinado en una pequeña celda, de 1.80 por 3 metros, donde se come, se duerme y se realizan las necesidades fisiológicas, donde se permanece sin otra compañía que los roedores, los insectos; y las voces – solo las voces de los compañeros de causa – pueden comprender lo que significa que en aquellas visitas trimestrales, mi esposa, en un susurro con vocación clandestina, me informara de que tal o más cual organización no gubernamental clamaba por nuestra libertad; y siempre, siempre, una de esas organizaciones era el PEN.

Sin dudas es un milagro dejar de sentirse solo en la soledad de una celda. Percibir esa solidaridad que atraviesa las rejas e ilumina las sombras, para renovar las energías espirituales de un creador. Al menos, eso ocurrió en mi caso. Me compulsó a realizar una acción proscrita, y sin más recursos que tiras de papel y un lápiz, escribí 45 poemas sobre el submundo atroz y sin treguas que son las cárceles cubanas.

Con el nombre de Hombres Sin Rostro, aquel poemario, breve y clandestino, se fugó de la prisión en una caja de cigarrillos. La osadía me costó ser enviado a un calabozo de castigo, del cual sólo pude salir tras una huelga de hambre de 16 días, y una campaña internacional apoyada por varias organizaciones no gubernamentales, y una vez más el PEN se hallaba entre los aliados solidarios.


Prisión Combinado del Este, donde González Alfonso estuvo preso por siete años. Foto: Voices Behind Bars

La cárcel prosiguió con sus rigores infrahumanos, y aunque mi espíritu permanecía invicto – escribí otro libro: (Con)fines humanos – mi cuerpo resultó menos fuerte, por lo que fui intervenido quirúrgicamente en cuatro ocasiones.

Casi al final de mi cautiverio, cuando la cesura comenzó a ser más benigna, mi esposa me entregó decenas de postales navideñas. Ella las había guardado con el amor que merecían. Me las habían enviado de Australia, de Europa, de Asia y de América. El PEN llevó a mi celda copos de nieve y niños entonando villancicos, pájaros de mil y un colores con sus trinos alegres y de esperanza. El mundo se asomaba al submundo de la cárcel. Hasta la humedad cotidiana parecía dañar menos, y hasta me parecía hermoso el moho de las paredes. Era como si la libertad, ese milagro, se hospedara en mi celda.

Tras 7 años y cuatro meses de prisión fui desterrado a Madrid, donde solicité el asilo político; y, de acuerdo con las leyes españolas, debí entregar mi pasaporte cubano. Como esta solicitud no se me ha concedido aún, no he podido viajar a Bruselas para reunirme con ustedes, para expresarle desde lo más hondo de mi ser, gracias por su solidaridad sin fronteras, y con mi abrazo más cálido transmitirle la gratitud de todos los escritores presos del mundo.

Continúen – continuemos – con esa hermosa tarea de renovar las esperanzas de los literatos que aún permanecen cautivos, por gritarle al mundo sus ideas, sus verdades, sus almas transformadas en palabras.

Trabajemos para que la tolerancia no sea un sueño cotidiano, sino el don más preciado de cada hombre y de cada mujer. Trabajemos, en fin, para legar al futuro el milagro tangible de la libertad.

Muchas gracias.

Ricardo González Alfonso

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Read more highlights from Sampsonia Way‘s visit to the Passa Porta festival in Brussels.

About the Author

Joshua Barnes is a senior editorial assistant at Sampsonia Way. In 2010 he earned a bachelor’s degree in Fiction Writing and Literature at the University of Pittsburgh. During his undergraduate career, he was awarded with 2009′s Ossip Award in Critical Writing for Anna Kavan A Critical Study and was the Runner up for 2008′s Ossip Award for Below the Ground, Above the Earth: Visualizations on the Evolution of Alienation in Richard Wright’s The Man Who Lived Underground. Currently Josh is working on a variety of multi-media narratives, and is involved with several musical projects.

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