“The Crows”: A Poem by Graciela Bonnet

by  translated by Rina Ferrarelli  /  March 8, 2017  / No comments

Graciela Bonnet is a South American poet living in Pittsburgh, PA.

The Crows

The crows are here, they plunge bad-tempered on the electric wires
and stay for a spell, staring at my street’s frozen landscape.
While I walk and look at the sky so high and clean, nothing moves in
the desolation of winter.
The earth has turned again, completing its interminable cycle. Now
sun, now night. It’s up to us to see the time of the harvest, the truce.
Many small animals will die in the season of frost, others, those that
have wings, will go far away.

We have gathered a few dry branches to get a bonfire going. And as
we have done for centuries, we’ll sit in a circle and wait. We’ll sing a
song that says how beautiful life is.

It truly is. The fire enlivens the memory and helps us imagine that the
sun will return again and that in the meantime we need to feed our
hopes, weave colorful blankets, make interlaced knots of good wishes,
create fantastic dreams, now light, now dark.

Do you remember last winter? We went up to the bridge and from
there we saw the river iced over. Nothing can be more sublime nor
more moving than life apparently frozen.

Come, put in this pan the walnuts that you found at the foot of the
tree, I will add honey and oats, fragrant kinds that I kept in the shade
during summer. We’ll celebrate the vigil as we have done since
always, since we were others, protected by the blessing of being alive.


Los Cuervos

Ya llegaron los cuervos, se lanzan en picada sobre los tendidos eléctricos y allí se
quedan un rato, mirando el paisaje helado de mi calle.
Mientras camino y veo el cielo altísimo y limpio, nada se mueve en la desolación del
invierno.
La tierra ha girado otra vez y completa su ciclo interminable. Ahora sol, ahora noche.
Nos toca ver el tiempo del recogimiento, la tregua. Muchos pequeños animales
morirán con la estación de las heladas, otros, los que tengan alas, se irán lejos.

Nosotros hemos reunido algunas ramas secas para calentar una fogata. Como
acostumbramos hacer desde hace siglos, nos sentaremos en círculo y esperaremos.
Cantaremos una canción que hable de lo hermosa que es la vida.

Realmente lo es. El fuego aviva el recuerdo y nos ayuda a imaginar que vendrá el sol
otra vez y que mientras tanto debemos alimentar nuestra esperanza, tejer coloridas
cobijas, hacer nudos de buenos augurios entrelazados, crear sueños fantásticos,
ahora luz, ahora oscuridad.

Recuerdas el invierno anterior? Subimos al puente y desde allí vimos el río congelado.
Nada podía ser más sublime ni más conmovedor que la vida detenida en apariencia.

Ven, pon en esta cazuela las nueces que encontraste al pie del árbol, yo añadiré miel
y avena, olorosas especias que guardé a la sombra durante el verano. Celebraremos
la espera como lo hemos hecho desde siempre, desde que éramos otros, cobijados
por la bendición de estar vivos.

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