Death as a Measure of All Cubans (Spanish Text)

by Orlando Luis Pardo Lazo    /  July 21, 2014  / No comments

En el verano de 1994 la muerte mandaba impunemente en mi país. Cuba, que desde hacía décadas era un cementerio civil, por entonces se comportaba como un cadalso.

  1. ¿Vale la pena enfocarse en las imágenes y palabras escapadas de la última utopía viviente en la Tierra? ¿Es la Cuba de hoy un país contemporáneo u otro idilio idiotlógico en el desierto ladinoamericano? ¿Nostalgia post-Guerra Fría con culpa o complicidad del Primer Mundo? ¿Cabe confiar que una Rewwwolución en Red removerá al régimen retrovolucionario de 1959? Aspiro a provocar más dudas que certezas. Leer o no leer: he aquí la cuestión.
  2. Orlando Luis Pardo Lazo nació en La Habana de 1971, donde aún reside y resiste. Como bloguero independiente, es escritor y fotógrafo. Su más reciente libro de ficción se llama BORING HOME (Garamond, 2009). Desde 2010 es el editor el e-zine literario y de opinión VOCES.

La madrugada del 13 de julio ocurrió un clímax criminal en la espiral de violencia que el Estado cubano ejerce contra su ciudadanía. La Revolución debía imponérsele a sangre y fuego al pueblo. Raúl Castro lo resumió en un discurso televisado desde el Cementerio Colón: “Quien a hierro mata, a hierro muere”.

Estábamos en medio del llamado Período Especial de Guerra en Tiempos de Paz. La represión era feroz. También la resistencia de la gente. Y la corrupción de los funcionarios. Y el vandalismo. Hubo robos y asesinatos siniestros en cada cuadra. Padres de familia enloquecieron y terminaron siendo *serial-killers* contra sus seres queridos. La electricidad era un lujo del que disfrutábamos pocas horas al día. Era *vox populi* que la policía tenía órdenes de disparar a matar. Y también los paramilitares de las Brigadas de Respuesta Rápida, que no usaban armas de fuegos sino garrotes.

La madrugada del 13 de julio un barco repleto de civiles huía de la Bahía de La Habana. Era un barco estatal, pero no ocurrió ningún acto de violencia durante su robo. De hecho, los propios operarios del puerto eran quienes se lo llevaban sin autorización, con destino a los Estados Unidos.

A pocas millas de la costa el remolcador “13 de Marzo” fue embestido por otros barcos que salieron a su caza. Los tripulantes del “13 de Marzo” fueron barridos de cubierta con chorros de agua. Cuando hubieron hundido el barco, no se prestó ayuda inmediata a los sobrevivientes. Se quería el menor número de testigos. Sólo cuando llegaron las Tropas Guardafronteras se procedió a rescatar a quien quedase flotando. Murieron 37 personas de un total de 72, de ellos una decena de menores de edad (incluidos varios bebés).

Como de costumbre, la prensa oficial acusó a las víctimas de haber causado esta tragedia. Se les coaccionó por parte de la Seguridad del Estado, varios fueron procesados legalmente, a todos se les estigmatizó y en última instancia se les forzó al ostracismo y al exilio. Algunos han denunciado haber sido víctimas de atentados automovilísticos y de tortura médica para borrarles la memoria. Fidel Castro en persona dictaminó que los obreros tenían el derecho de defender sus medios de producción. Era una advertencia para el resto de la población que quería huir de él. De hecho, un mes después, más de 30,000 cubanos se fugaban en estampida, cuando el gobierno dejó de patrullar las costas, abriendo así una válvula de presión que evitara el inminente estallido social.

Hace ya 20 años de la masacre. Jamás hubo juicio a los que embistieron al remolcador “13 de Marzo”. Jamás se intentó recuperar los cadáveres (o lo hicieron en secreto y luego los destruyeron). Permítanme, por favor, al menos sacar a estos 37 nombres del anonimato macabro al que en Cuba los ha
condenado el castrismo:

1. Hellen Martínez Enríquez, 5 meses de edad.

2. Cindy Rodríguez Fernández, 2 años.

3. Ángel René Abreu Ruiz, 3 años.

4. José Carlos Nicole Anaya, 3 años.

5. Giselle Borges Álvarez, 4 años.

6. Caridad Leyva Tacoronte, 5 años.

7. Juan Mario Gutiérrez García, 10 años.

8. Yasser Perodín Almanza, 11 años.

9. Yousell Eugenio Pérez Tacoronte, 11 años.

10. Eliecer Suárez Plasencia, 12 años.

11. Mayulis Menéndez Tacoronte, 17 años.

12. Miladys Sanabria Cabrera, 19 años.

13. Joel García Suárez, 20 años.

14. Odalys Muñoz García, 21 años.

15. Yaltamira Anaya Carrasco, 22 años.

16. Yuliana Enríquez Carrazana, 22 años.

17. Lissett María Álvarez Guerra, 24 años.

18. Jorge Gregorio Balmaseda Castillo, 24 años.

19. Ernesto Alfonso Loureiro, 25 años.

20. María Miralis Fernández Rodríguez, 27 años.

21. Jorge Arquímedes Levrígio Flores, 28 años.

22. Leonardo Notario Góngora, 28 años.

23. Pilar Almanza Romero, 31 años.

24. Rigoberto Feu González, 31 años.

25. Omar Rodríguez Suárez, 33 años.

26. Lázaro Enrique Borges Briel, 34 años.

27. Martha Caridad Tacoronte Vega, 35 años.

28. Julia Caridad Ruiz Blanco, 35 años.

29. Eduardo Suárez Esquivel, 38 años.

30. Martha M. Carrasco Sanabria, 45 años.

31. Augusto Guillermo Guerra Martínez, 45 años.

32. Rosa María Alcalde Puig, 47 años.

33. Estrella Suárez Esquivel, 48 años.

34. Reynaldo Joaquín Marrero Álamo, 48 años.

35. Amado González Raíces, 50 años.

36. Fidencio Ramel Prieto Hernández, 51 años.

37. Manuel Sánchez Callol, 50 años.

About the Author

Orlando Luis Pardo Lazo was born in Havana City and still resides and resists there, working as a free-lance writer, photographer and blogger. He is the author of Boring Home (2009) and is the editor of the independent opinion and literary e-zine Voces.

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